2 de octubre de 2007

Cuantas nueces?

Algo tenía que hacer, no podía dejar las cosas de esta forma, porque me están consumiendo por dentro.
Así que la opción es contar todo acá, como debió ser desde un principio, como debí decirselo a Marcia, o mejor dicho, como nunca debió haber sido, pero fue.
Yo me equivoqué, de verdad que lo hice, pensé que Marcia sería más comprensiva pero las cosas se me fueron de las manos y en lugar de ayudar a solucionarlas no hice más que empeorar todo.
Por eso ahora estoy pagando el precio de su adios.
Por eso tengo esta angustia que me oprime el pecho desde el momento en que se fue.
Por eso y porque además te sigo amando Marcia.
Pero no vine acá a dejar una declaración de amor, sino una confesión.
Y ella comienza así.
Con Javi, Marce y Germán decidimos armar una página para publicar esas cosas con las que nos reimos a diario, como para resguardarlas de alguna manera.
La verdad que durante un tiempo fue entretenido, pero como todo, una vez pasada la emoción del comienzo, las cosas se fueron diluyendo.
Sin embargo Javi y yo hacíamos lo posible por mantenerla viva, y para eso empezamos a ponerle cierto picante con la gente que empezó a entrar en la página.
Realmente nunca hubo, al menos de mi parte otra intensión respecto de mi personaje en la página, que es muy distinto de mí, de quien soy en realidad. De alguna forma, quien escribe estas palabras soy yo y no ese maldito personaje que me hizo tanto mal.
Bueno, entre la gente que acudía a la página estaba Paola, una chica de Uruguay que tuvo bastantes problemas en su vida y de quien me hice "amigo", si uno puede entablar amistad en este mundo tan complicado de la virtualidad.
Con Paola quedamos en que en algún momento iba a ir a visitarla a Montevideo, donde vive ella, de hecho, eso mismo le planteé a Marcia y ella me dijo que buscaramos el momento apropiado para hacerlo.
Este hecho, que parece de lo más trivial, causó en Paola y en la relación que me unía con ella una reacción por demás desafortunada, y que me llevó a equivocarme de la peor forma con el amor de mi vida.
Paola se deprimió ante mi imposibilidad de conocernos como ella hubiera querido.
Para cualquiera una depresión puede ser algo pasajero, pero conociendo la historia de Paola temí que algo malo pudiera pasarle y en lugar de hablar con Marcia al respecto tomé la peor decisión:
Viajé sólo a Uruguay, mintiéndole a Marcia, tomando como pretexto un retiro espiritual que venía planeando con más de un mes de anticipación y que dejé de lado por pensar que podía ayudar a una persona.
Nunca actué de mala fe, pero tuve miedo de que Marcia no lo entendiera de esa manera y de que eso pudiera poner en peligro nuestra relación, por eso decidí ocultárselo.
Lo que sucedió en Uruguay fue una tontería, una simple salida de amigos, nada de besos, nada de sexo, sólo un abrazo de despedida.
Todos los que conocí allá sabían de la existencia de Marcia, de mi relación con ella, relación que siempre respeté frente a los demás a pesar de que con mi mentira no se lo demostré a ella.
No hace falta que nadie me diga que me equivoque, eso lo tengo muy claro y aunque así no hubiese sido, hoy estoy sufriendo por ello, así que no me queda más que mirar a mi alrededor, hacia la soledad que dejó, para darme cuenta de la magnitud de mi error.
De todas formas esto no termina aquí.
Cuando volví de Uruguay, Marcia descubrió la hoja de Aduanas con los datos del hospedaje y el horario del barco.
Al darme cuenta de lo que había pasado y por miedo a perderla si se enteraba de la verdad, opté por decirle que le había hecho un favor a un amigo y que no era yo quien había viajado.
No conté con que ella de todas formas iba a desconfiar de mí y al día siguiente llamó a todos lados para averiguar si realmente las cosas eran como yo le había dicho.
Obviamente no encontró en ningún lado sustento para mi mentira y se desató la hecatombe.
La discución fue larga y violenta, y más allá de todo, yo intenté sostener mi mentira para tratar de recomponer las cosas creyendo que sería peor que supiera que le mentí en primera instancia.
Quince días me llevó decidirme a contarle toda la verdad.
Cuando nos juntamos y hablamos creí que frente a la verdad ella sería más comprensiva conmigo, pero me equivoqué otra vez.
Marcia no solo no me creyó, sino que me pidió que le diera tiempo para pensar, me dijo que si quería volver conmigo me lo iba a hacer saber, pero que no la esperara, que hiciera mi vida.
Fue el momento más doloroso de toda mi existencia.
Nada le importó.
Ni mis palabras, ni las caricias, ni el beso que nos dimos al separarnos.
Los dias que siguieron fueron muy malos, la angustia que tuve (y aún tengo) en la garganta, me oprime el pecho y no me deja respirar.
Casi dos semanas después de haber hablado con ella cara a cara, intenté llamarla, en principio para saber como estaba, pero no pude reprimir mi angustia y le planteé la posibilidad de volver a estar juntos, de intentar solucionar las cosas entre los dos, como una pareja, como yo creo que deben resolverse estos problemas.
Pero fue en vano.
Y tras una larga conversación y ante sus reiteradas negativas frente a mis planteos...
Ella me dijo que no me amaba más, que no tiene ganas de darme una oportunidad y que sea feliz por mi cuenta, que ya decidió seguir sola su camino.
La amo.
Juro por lo que más quiero que cada día que pasa mi corazón se apaga un poco al no tenerla junto a mí.
Y todo por qué?
Por haber supuesto tantas cosas y no confiar en la mujer que tenía a mi lado.

Lo siento mi amor!
Tal vez esta historia caiga en saco roto, tal vez algún día la leas, pero creo que nunca voy a poder plasmar en palabras todo el dolor que siento desde el día en que te fuiste.
No llego a discernir que es lo que más me duele, si el hecho de saber que tengo la culpa del descenlace que tuvo nuestra historia o el hecho de que no me creas ahora que te estoy diciendo toda la verdad, realmente no lo sé.
Pero como bien dijiste, de todo se aprende.
Me gustaría demostrarte cuanto aprendí de todo esto, me gustaría mostrarte que aunque no soy perfecto, puedo ser el hombre que te haga feliz, y no lo digo sin fundamentos, sino sabiendo que durante dos años lo fuí.
Sé que hoy no querés estar conmigo, que estás dolida, que no sabés si vas a poder volver a confiar en mí.
Igualmente quiero decirte que del mismo modo en que tantas otras personas van a confiar en mí, porque no soy una mala persona, sino simplemente alguien que cometió un error, vos también podes hacerlo.
Sólo hacen falta dos cosas: ganas y amor.
Aunque me lo hayas negado, sé que amor hacia mí no te falta, que estás lastimada por lo que pasó y que no podés ver cuanto estoy sufriendo yo también por todo esto.
No puedo obligarte a que tengas ganas, pero me gustaría que cuando creas que es el momento, veas dentro de tu corazón y me digas si este tonto que tantas veces te hizo feliz, no merece una oportunidad, aunque sea la última.
No puedo continuar mi vida pretendiendo que no te amo, que no me duele estar separado de vos, porque no solo te estaría mintiendo a vos, sino a mí y a todos los que me rodean.
Intentaré no pensar, distraerme, pero no me pidas que te olvide.
Siento que en vos encontré a la mujer de mis sueños, aquella que cumple con cada requisito que alguna vez egoistamente pretendí.
Y eso no es algo que se olvida facilmente.
Menos aún se olvida el amor, porque aunque la cabeza esté en otras cosas, el corazón sigue latiendo a tu lado, y cuanto más te alejás, más despacio lo escucho latir, como si acompañara tus pasos alejándose de mí.
Te amo Marcia, siempre te voy a amar.
Tal vez el tiempo vuelva a unirnos.
Tal vez no.
Quisiera pensar que esta última opción no es posible, pero existe y hoy es más real que cualquier otra.
Igual seguiré esperando.
Cuantos días? Cuantas nueces?
Las que sean necesarias.
Te amo.