14 de octubre de 2004

Porqué me comí el Picurú...

No es bueno encasillar a la gente, sin embargo es justo reconocer que hay clasificaciones de diversa índole para todo el mundo.
Desde el simple color de pelo y sus "connotaciones y asociaciones" con la inteligencia hasta las clasificaciones más inverosímiles.
Y si, las mujeres tienen las suyas (ojo!, la mayoría de ellas o todas ellas se aplican también a los hombres)... por ejemplo, a grandes razgos se podrían clasificar en: Inteligente o Brutas, Amables o Brujas, Lindas o Feas, etc, etc.
Pero de todas éstas clasificaciones hubo una que en el último tiempo se me pegó como chicle al zapato: Carozo o Picurú.
Primero me reí mucho al escucharla, al igual que con el comentario que le siguió: "Todos nos comimos un picurú alguna vez en la vida...".
Tal cual, a veces pasa.
Luego paré la pelota y me puse a pensar porqué me había comido al picurú y llegué a la siguiente conclusión:

1.- Si de todas las calificaciones tomamos la opción de la izquierda obtenemos a la mujer perfecta, cada uno tendrá su imagen de ella (yo por supuesto tengo muy presente a la mía), pero ella será siempre una fantasía.
2.- La mujer perfecta te fascina, pero es tal el embrujo que tiene sobre vos que nunca llegás a conocerla de un modo que te permita enamorarte de ella.
3.- Si llegás a animarte a encarar a tu mujer perfecta, es muy probable que sea la mujer perfecta de otro, y obviamente que ese otro sea su novio.
4.- Si la mujer perfecta no tiene novio entonces WARNING! quizás no sea tan perfecta :)
5.- Si a pesar de todo te da bola, es posible que sea tan caro mantenerla que prefiera comprar una FERRARI y pagar los gastos de la misma a tener una sola cita con ella.
6.- Si todo lo demás falla, es posible que tu chica perfecta sea de la familia.

A esta altura después de tantas complicaciones volví a pensar cariñosamente en mi picurú y recordé cuanto la quise, cuanto la quiero y cuanto la voy a querer.
Quizás el tiempo y la distancia nos separen, pero sin duda mi picurú será siempre mía.
Y me encanta comerme mi picurú!