21 de octubre de 2004

Una temporada perfecta

Hoy pensé que "lo bueno, si breve dos veces bueno" y considerando ésto, se me ocurrió escribir lo siguiente:

Hoy te ví y en ésta tarde de primavera imaginé estrenar con un beso de nuestros cuerpos entrelazados, el murallón en donde te conocí.
Imaginé también que entre tus piernas llegaría el verano y que su temperatura envidiaría el calor ardiente de nuestra pasión.
Al pasar el mismo te rogaría que me permitieras descansar entre tus brazos y acurrocado sobre tu pecho, pasar el más placentero de mis otoños.
Y moriría, al llegar el invierno... rogando al cielo que el frío congele nuestros cuerpos, y ser eternos...
Ya que sé que no podría haber otra temporada perfecta y sinceramente, no soportaría otra que no fuese igual.